África no es un solo país, ni un solo lugar

África es un continente, no un país. Parece una obviedad, pero seguimos hablando de países muy distintos como si fueran una sola realidad.

Cuando comenté que iba a organizar viajes a Guinea-Bissau, Gambia o Senegal, algunas personas me dijeron que África no les atraía porque les preocupaban la inseguridad y las enfermedades. Estábamos hablando de tres países concretos, pero la conversación pasó enseguida a una idea general de África.

África no es un país ni una realidad homogénea. El problema aparece cuando sustituimos países, regiones y sociedades muy distintas por unas pocas imágenes repetidas: pobreza, safaris, inseguridad, calor o enfermedades. Algunas de esas realidades existen en determinados lugares, pero no explican por sí solas todo un continente.

Un safari no define la fauna ni los paisajes de África

Muchas veces he oído decir: «Me gustaría hacer un safari en África una vez en la vida». La frase parece normal, pero contiene una pregunta importante: ¿en qué país? No toda África responde al paisaje de sabana que solemos asociar con un safari, ni encontraremos los mismos animales en diferentes zonas del continente.

Marruecos puede llevarnos al Atlas, a zonas saharianas, a ciudades históricas o a la costa. Tanzania reúne otros ecosistemas y una fauna muy distinta. Madagascar tiene especies que no encontraremos de forma silvestre en otros lugares del mundo. Reducir todo eso a «África» sería tan poco informativo como hablar de un viaje a Europa sin distinguir entre Grecia, Noruega o Portugal.

Formaciones rocosas del Tsingy de Madagascar atravesadas por un puente colgante
Los paisajes de Madagascar tienen poco que ver con la sabana que tantas veces utilizamos para representar África.

En una conversación reciente surgió la pregunta de con qué asociamos África. Una de las respuestas fue: «bichos, fauna salvaje y calor». No demuestra cómo pensamos todos, pero sí refleja imágenes muy reconocibles. Pensamos antes en África que en un país concreto.

Los riesgos también cambian de un país a otro

Con la seguridad y las enfermedades ocurre algo parecido. Podemos preocuparnos por viajar a Guinea-Bissau, Gambia o Senegal antes de consultar qué sucede realmente en cada país. El riesgo queda asociado a África antes de tener información concreta.

Pero las condiciones sanitarias o de seguridad cambian según el país, la región y el momento. Para decidir si viajamos necesitamos saber qué ocurre en ese lugar concreto, no partir de una valoración general sobre todo el continente.

Lo hacemos con naturalidad en otros lugares. Un problema de seguridad en una zona de Europa no nos lleva necesariamente a preguntarnos si Europa es segura. ¿Por qué con algunos países africanos trasladamos con tanta facilidad la preocupación al continente entero?

La pobreza ha condicionado nuestra imagen de África

La asociación entre África y pobreza tampoco nace de la nada. Durante décadas hemos visto campañas de ayuda centradas en hambrunas, sequías, enfermedades o infancia vulnerable. Muchas de esas situaciones eran y son reales. Que una imagen sea real no significa que sea suficiente para explicar un territorio.

Cuando una representación se repite durante años puede ocupar el lugar de muchas otras. Quedan fuera el trabajo cotidiano, las universidades, las empresas, la creación cultural, el ocio, las clases medias, los debates políticos o la vida urbana. Mostrar también esas realidades ayuda a entender un continente mucho más complejo.

La Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo, que reúne a organizaciones del ámbito de la cooperación, defiende una comunicación basada en los derechos humanos y en el respeto a la dignidad de las personas. En ese marco, plantea evitar representaciones que refuercen estereotipos. El problema no está en mostrar situaciones de pobreza cuando forman parte de la realidad, sino en presentarlas sin contexto o como si definieran sociedades enteras.

No existe una sola cultura africana

También hablamos con facilidad de «cultura africana», «gastronomía africana» o «tradiciones africanas». Estas expresiones pueden tener sentido cuando hablamos realmente de cuestiones continentales, pero dicen muy poco cuando queremos comprender un país o una comunidad concreta.

Lo que he comido en Senegal tiene poco que ver con la gastronomía que he encontrado en Mauricio. Las prácticas religiosas que he visto en Egipto tampoco son las mismas que en Kenia. Cambian las lenguas, las costumbres, los roles sociales y las relaciones de género. También son distintas las historias políticas, comerciales, religiosas y coloniales.

África reúne una enorme diversidad lingüística. La UNESCO describe África como el continente con mayor diversidad lingüística y estima que en él se hablan alrededor de 2.000 lenguas autóctonas. Esa diversidad ya muestra hasta qué punto expresiones como «cultura africana» pueden quedarse cortas cuando intentamos explicar sociedades concretas.

Dentro de un mismo país también hay muchas diferencias

Decir «cultura senegalesa» es más preciso que decir «cultura africana», pero tampoco permite entender Senegal en toda su complejidad. Dentro de un mismo país cambian las lenguas, las religiones, las condiciones económicas, los paisajes, las generaciones y las formas de vida.

Por eso tampoco me convence viajar buscando «la verdadera cultura» de un país. Podemos conocer algunos lugares, hablar con algunas personas y entender mejor determinados contextos. Como ya planteaba al hablar de viaje responsable, nuestra experiencia siempre es parcial. Eso no nos convierte en portavoces de millones de personas.

Quién cuenta África también condiciona cómo la imaginamos

Muchas de las imágenes que nos llegan de África han sido elegidas y explicadas desde fuera: por medios internacionales, ONG, empresas turísticas, documentales o personas que hemos viajado allí. Esas miradas pueden contar cosas reales, pero si son las que escuchamos casi siempre, acabamos conociendo los países africanos principalmente a través de quienes los miramos desde fuera.

Las personas que viven en esos lugares ya hablan, escriben, crean, investigan y explican sus propios países. La cuestión es cuánto espacio les damos y cuánto las escuchamos. Para entender mejor un destino, no basta con explicar lo que vemos al llegar: también necesitamos saber cómo lo cuentan quienes viven allí, incluso cuando su mirada no coincide con la imagen que esperábamos encontrar.

Autobús local rodeado de personas y puestos de venta en Senegal
El transporte, el comercio y la vida cotidiana también explican un país, aunque estas imágenes tengan mucha menos presencia en la forma en que solemos representar África.

El turismo repite las imágenes que ya asociamos con África

La industria turística también participa en esta simplificación. Expresiones como «el corazón de África», «África salvaje» o «la auténtica África» funcionan porque permiten imaginar rápidamente qué tipo de experiencia se nos quiere vender.

Pero el problema no es solo quién utiliza esas palabras. También existe una demanda que las hace eficaces. Si durante años asociamos África con naturaleza, fauna, comunidades rurales y aventura, esas imágenes resultan fáciles de promocionar. La industria muestra lo que sabemos reconocer y nosotros aprendemos a esperar lo que la industria repite.

Algo parecido ocurre con las fotografías turísticas. Una imagen repetida muchas veces puede acabar definiendo un lugar. Un continente también puede quedar atrapado dentro de unos pocos encuadres.

El problema no es decir África, sino usarla cuando podemos ser más concretos

No necesitamos dejar de utilizar la palabra África. Tiene sentido cuando hablamos del continente, de procesos regionales o de cuestiones compartidas. La cuestión cambia cuando usamos la palabra África aunque podemos ser mucho más concretos.

Si hablamos de un plato senegalés, podemos decir que es senegalés. Si visitamos una comunidad concreta, podemos explicar dónde estamos y quién vive allí. Si nos preocupa la seguridad de un viaje a Camerún, tiene más sentido consultar la situación de Camerún que preguntarnos genéricamente si África es segura.

Precisar no es una cuestión de corrección política. Es una cuestión de información.

En Setdemón intentamos aplicar ese mismo criterio cuando explicamos y diseñamos viajes: hablar de Guinea-Bissau, Senegal, Gambia o Tanzania cuando nos referimos a esos países, en lugar de utilizar «África» como si fuera suficiente para explicar lo que encontraremos en ellos.

Un país no tiene que explicarnos África

El escritor y periodista Dipo Faloyin, criado en Lagos, explica en África no es un país que durante años le frustró ver cómo el continente quedaba reducido una y otra vez a dos imágenes: pobreza y safaris. Su libro parte precisamente de esa distancia entre las representaciones que circulan desde fuera y la diversidad de realidades que quedan fuera de ellas.

Si viajo a Senegal, no espero volver sabiendo cómo es África. Ni siquiera debería volver creyendo que ya sé cómo es Senegal. Habré conocido algunos lugares, hablado con algunas personas y observado una parte pequeña de un país mucho más complejo.

Un viaje puede ayudarnos a desmontar ideas previas, pero también puede reforzarlas si solo buscamos aquello que esperábamos encontrar.

Si no esperamos que Portugal nos explique Europa, ¿por qué seguimos esperando que un viaje a un país africano nos revele cómo es África?

Fuentes y lecturas

  • África no es un país. Y otros estereotipos que debemos erradicar — Dipo Faloyin / Casa África.
  • Comunicar con enfoque de derechos humanos y paz — Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo.
  • Incorporar la ciencia africana al diccionario — El Correo de la UNESCO.

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