
¿Qué hay detrás del turismo con animales?
Durante años participé en actividades con animales que entonces me parecían completamente normales dentro de un viaje. Algunas estaban claramente planteadas como entretenimiento; otras se presentaban como formas respetuosas de acercarnos a la fauna.
Hoy sé que la pregunta no es solo si tocamos, encerramos o herimos a un animal. El turismo con animales también puede cambiar su alimentación, su descanso, sus movimientos o la relación que mantiene con las personas, aunque nosotros solo estemos mirando.
La palabra «santuario» no explica cómo vive un elefante
Cuando monté en elefante en Tailandia busqué un centro que decía cuidar de los animales. En aquel momento esa información me pareció suficiente. Ahora sé que el nombre del lugar no explica cómo ha llegado el animal hasta allí, cómo ha sido entrenado ni qué ocurre cuando terminan las visitas.
World Animal Protection, una organización internacional dedicada al bienestar animal, analizó en su Informe de Turismo con Elefantes 2026, 236 establecimientos con 2.849 elefantes. Dos de cada tres vivían en malas condiciones, el 42 % seguía utilizándose para paseos y uno de cada cinco estaba en centros que ofrecían espectáculos. Más de la mitad permanecían sujetos con cadenas cortas durante el día.
Y el problema no termina cuando desaparece el paseo. Alimentar, tocar o bañar elefantes puede presentarse como una alternativa más amable, pero sigue requiriendo que el animal tolere un contacto cercano y repetido con visitantes. Un espacio puede llamarse santuario y, aun así, ofrecer interacciones pensadas para satisfacer nuestras expectativas.
Eso cambia bastante cómo recuerdo mis propias experiencias. Yo buscaba una opción que me pareciera mejor, pero no tenía información suficiente para saber qué había detrás.
A esa demanda de cercanía se suma la fotografía. El Instituto Jane Goodall España, dedicado a la conservación de primates y sus hábitats, advierte de que la búsqueda de likes ha alimentado un negocio basado en interacciones forzadas: animales acosados en libertad o capturados, separados de sus madres y entrenados para tolerar el contacto. La foto no es el único problema; también lo es el tipo de experiencia que aprendemos a desear después de verla.
Nadar con un delfín significa que el delfín tiene que estar disponible
Yo también nadé con delfines en Cancún. En aquel momento lo viví como una oportunidad de estar cerca de un animal que difícilmente habría podido tocar de otra manera.
Pero para que yo pudiera reservar aquella experiencia, el delfín tenía que estar allí, a una hora concreta y preparado para interactuar conmigo y con otras personas. World Animal Protection recuerda en su información de 2026 que muchos delfines siguen viviendo en cautividad en condiciones estresantes y alejadas de su comportamiento natural, obligados a actuar o a participar en experiencias de nado con visitantes. Día Mundial del Delfín 2026.
La experiencia estaba organizada para mí. El delfín no tenía la misma capacidad de decidir si quería participar.
Ver animales en libertad también puede alterar su comportamiento
Podríamos pensar que la diferencia es sencilla: cautividad no, animales en libertad sí. Pero tampoco funciona exactamente así.
FAADA, una fundación especializada en protección animal que trabaja también sobre turismo y fauna, explica que los safaris y avistamientos bien gestionados pueden financiar conservación, proteger hábitats y generar empleo local. Al mismo tiempo, señala que la presencia turística puede hacer que algunos animales coman o descansen menos, gasten energía alejándose o cambien de zona para evitar a los visitantes.
Esto me interesa especialmente porque he hecho varios safaris en Tanzania y la observación de fauna forma parte de algunos viajes que propone Setdemón.
En el viaje a Tanzania, el safari lo presta una empresa local especializada que hemos seleccionado de forma diligente. La fauna vive en libertad y nadie puede garantizar qué animales veremos ni cuándo aparecerán. Eso no hace desaparecer nuestro impacto. Un león rodeado por diez vehículos sigue siendo un león rodeado por diez vehículos.
Algo parecido ocurre con las ballenas. Un reportaje de América Futura de 2025 recoge casos de embarcaciones que realizan aproximaciones peligrosas o no respetan las normas de observación. Científicos y organizaciones locales explican que estas prácticas pueden afectar al comportamiento de los cetáceos y al uso que hacen del hábitat. ¿Cómo cuidar a las ballenas mientras haces turismo?
Ver una ballena desde una zodiac en Alaska no tiene nada que ver con verla en cautividad. Pero sigue importando cuánto nos acercamos, cuánto tiempo permanecemos y cuántas embarcaciones están haciendo lo mismo.

Observar a las tortugas mientras ponen huevos requiere límites
Observar animales sin tocarlos puede parecer completamente pasivo. La puesta de huevos de las tortugas demuestra que nuestra presencia también puede interferir aunque solo miremos.
En Poilão, en el archipiélago de Bijagós, las visitas nocturnas se realizan en grupos de un máximo de cuatro personas acompañadas por un guarda del parque. Solo el guía utiliza una luz roja, el grupo permanece en silencio y debe retirarse si una tortuga todavía está aproximándose o empezando a subir por la playa.
Solo se observan, cuando es posible, tortugas que ya han empezado a poner los huevos o que están terminando. Se miran desde detrás, nunca de frente, sin flash, y la salida nocturna dura como máximo unas dos horas. También hay una zona con gran concentración de puestas a la que los visitantes no pueden acceder.
Si observar no pudiera alterar ese momento, no harían falta todas estas precauciones.
La actividad forma parte del viaje a Guinea-Bissau e Islas Bijagós. Setdemón selecciona de forma diligente al proveedor local que la gestiona, pero no organiza el avistamiento. Además, la observación depende de las condiciones naturales y nunca está garantizada.
Ver un orangután de cerca no siempre significa que la experiencia sea mejor
En Sumatra hice un trekking por la selva para ver orangutanes en libertad. Encontrarlos entre los árboles fue muy distinto de cualquier experiencia con animales en cautividad.
Una guía especializada sobre Bukit Lawang, actualizada en 2025, explica que durante los trekkings se mantiene distancia con los orangutanes y que a veces son ellos los que se acercan siguiendo su camino. Orangutanes en Sumatra: guía para visitar Bukit Lawang.
FAADA incluye entre las buenas prácticas de observación no atraer ni alimentar a los animales y respetar las distancias de seguridad. Alimentarlos puede modificar precisamente aquello que hemos ido a observar: su comportamiento en libertad.
La proximidad no es siempre una señal de que la actividad esté mejor planteada.
El buceo puede dejar huella aunque no toquemos animales
He buceado con tiburones y tortugas en Galápagos. Durante mucho tiempo habría pensado que, mientras no tocara a los animales, mi impacto era mínimo.
El Parc Natural del Montgrí, les Illes Medes i el Baix Ter, que regula y estudia la actividad de buceo en esta zona marina protegida, señala en su guía de buceo responsable que las inmersiones guiadas generan hasta 6,5 veces menos impacto sobre el medio. También recuerda que el contacto de las aletas o las manos puede dañar especies frágiles del fondo marino, por lo que insiste en controlar la flotabilidad y mantener distancia para observar sin tocar.

Podemos estar observando una tortuga sin molestarla directamente mientras nuestras aletas levantan sedimento o rozan organismos unos metros más atrás.
El animal que hemos ido a ver no es siempre el único que puede verse afectado por nuestra presencia.
Pagar también ayuda a mantener una forma de relacionarnos con los animales
Después de revisar estas experiencias me cuesta dividir el turismo con animales simplemente entre actividades buenas y malas.
Un safari bien gestionado puede financiar conservación y empleo. La observación de tortugas puede aportar ingresos ligados a su protección. Ver animales en libertad puede ser muy distinto de mantenerlos disponibles para el contacto directo. Pero ninguna de estas actividades se vuelve neutra por el simple hecho de ocurrir en la naturaleza. FAADA recoge tanto los posibles beneficios como los impactos de los avistamientos.
Yo misma he participado en experiencias que hoy miraría de otra manera. No porque entonces quisiera perjudicar a ningún animal, sino porque no sabía todo lo que podía haber detrás de actividades que parecían completamente normales dentro de un viaje.
Como ya planteaba al hablar de viajes responsables, nuestras decisiones también tienen consecuencias que no siempre vemos mientras viajamos. Podemos alterar un comportamiento sin tocar al animal, generarle estrés sin verlo sufrir o pagar pensando que ayudamos a conservar una especie sin saber exactamente qué estamos financiando.
Y también podemos apoyar actividades que protegen hábitats y generan ingresos para quienes trabajan en su conservación.
Cuando pagamos por acercarnos a un animal, no compramos solo la experiencia. También ayudamos a mantener la manera concreta en que esa experiencia se hace posible.
Fuentes y lecturas
- Informe de Turismo con Elefantes 2026 — World Animal Protection.
- Un selfi no vale una vida: el postureo en redes sociales amenaza a especies en peligro de extinción — Instituto Jane Goodall España, 2025.
- Día Mundial del Delfín 2026 — World Animal Protection.
- Turismo: avistamientos y safaris — FAADA / Turismo Responsable con los Animales.
- ¿Cómo cuidar a las ballenas mientras haces turismo? — América Futura / EL PAÍS, 2025.
- Orangutanes en Sumatra: guía para visitar Bukit Lawang — Stamp by Stamp, actualizado en 2025.
- Guía de buceo responsable — Parc Natural del Montgrí, les Illes Medes i el Baix Ter, actualizado en 2025.
En Setdemón, cuando un viaje incluye observación de fauna, no damos por buena una actividad solo porque se presente como responsable. Nos importa cómo se realiza, qué impacto puede tener sobre los animales y qué límites se aplican.
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